Perdido y encontrado

By  |  17 / agosto / 2012

Violencia en Honduras. Foto: Diario La Prensa Honduras

Ayer se me perdió mi hijo.

El va a cumplir apenas dos años y tiene un nombre hermoso, que quiere decir mensaje o palabra.  Nacido en el contexto del Golpe de Estado en Honduras significó para muchas/os de nosotros una señal de vida y esperanza en medio del dolor y la muerte.

En el momento en que me di cuenta que se había perdido, me agarró un ataque de pánico, no pude reaccionar como debía, no pude preguntarle a nadie donde estaba, no pude hacer casi nada. Alguien en mi cabeza o fuera de mí me miraba dar saltos de aquí para allá pronunciando su nombre, sentía que la respiración me abandonaba y algo apretaba mi garganta, mientras era un solo cuerpo lloroso y débil. La indefensión total.

Afortunadamente, existen por esas maravillas de la vida, las hermanas mayores y fue quien lo encontró ya próximo a cruzar una calle, tranquilo, como si nada estuviera sucediendo y yo no fuera a morirme de la angustia.

En esos breves momentos, cuando la locura amenazaba con apoderarse de mi mente, como supongo le ha pasado a muchas madres, tuve muchas miradas, entre las que me veía en las postas policiales interponiendo la denuncia por la desaparición de mi hijo, lo veía también a él, solo y llorando cuando se diera cuenta que nosotros: ni su padre, ni su hermana, ni su madre, lo acompañaban. También me pregunté en esos momentos si lo vería con vida otra vez. Y eso fue lo que francamente me aterró. La posibilidad de un mundo sin él.

Mi mirada regresó entonces a otras madres, a las amigas que soportan día con día la pérdida de sus hijos e hijas y de forma reciente a las víctimas del ataque que según diversas organizaciones de derechos humanos[1] en Honduras fue asesorado por la Dirección Estadounidense Antidrogas (DEA) en Río Patuca, en la Mosquitia Hondureña, quienes bajo la bandera de la lucha contra el narcotráfico se encuentran presentes en la región y donde Estados Unidos inauguró de forma reciente una base militar en el año 2010.

Cuatro personas perdieron la vida en el ataque, entre ellas dos mujeres embarazadas Juana Jackson y Candelaria Pratt Nelson, un joven adolescente  de 14 años, Hasked Brooks y Emerson Martínez de 21 años. En la Mosquitia hondureña Ellos viajaban en medio de la noche, en una pequeña embarcación que los transportaba hacia otro poblado, ya que en la Mosquitia Hondureña las vías de transporte son vía acuáticas.

Según el informe titulado “Daño colateral de una guerra antidrogas” del Centro para la Investigación Económica y Política (CEPR) y Rights Action, 
”La embarcación transportaba pasajeros con razones legítimas para viajar” en la zona
[2]. 
De acuerdo al periódico Proceso Digital, la embajadora estadounidense en Honduras expresó que “se trata de una tragedia, pero en este caso, según lo que yo entiendo, estaban actuando en autodefensa (la DEA) y ese es su deber, porque la lucha contra la droga es importante” [3].

Bajo la luz de estas declaraciones, una se pregunta ¿era necesario asesinar a mujeres embarazadas, jóvenes y un niño bajo la justificación de la guerra contra las drogas?. ¿Eran una amenaza? Y salta a la vista que no, que no pudieron comprobar que llevaban droga, ni armas, así como no pudieron hasta la fecha justificar esta supuesta “auto-defensa”, tal como lo cita el informe.

La madre del chico de 14 años, Clara Wood, relataba, entre sollozos en una conferencia de prensa del COFADEH[4], como empezaron a dispararles y cómo para sobrevivir se tiraron al agua, mientras el cuerpo de Hasked era alcanzado por cuatro disparos en el rostro y las piernas. Eso lo supo ella hasta dos días de búsqueda, cuando pudieron encontrar y reconocer el cuerpo. Ella desgarrada, lloraba por ese hijo perdido, asesinado cuando empezaba a vivir.  El llanto de las otras madres acompañaba a Clara. Un llanto sin remedio ni consuelo posible.

Es increíble la cantidad de recuerdos que pueden contener un breve espacio de tiempo, por eso aquello de que la “vida pasa ante nuestros ojos”, y eso fue lo que me pasó en ese breve lapso de tiempo que perdí a mi hijo. Tanta angustia, tanta conexión con otras, tanto pensar que mi caso podría ser el de ellas. Tanta necesidad de que no pasara nada grave, que pudiera encontrar a mi hijo sano y salvo para que el mundo, mi mundo, pudiera seguir girando.

En medio del llanto y de la falta de aire, ya con el niño en brazos, más aliviada pero aún aterrorizada por ese breve atisbo de desgracia, una mujer, salida de la nada, se me acercó con una botella de agua y me dijo:

-Tenga, tómesela tranquila,  eso nos pasa a veces- Y le agradecí infinitamente, aunque creo que no pude articular ninguna palabra. Sólo recuerdo su cara morena, su pelo en coleta y un toque de azul en los ojos.

Pensé con alivio, en la solidaridad y la fuerza que hemos recobrado como pueblo después del Golpe de Estado y no sólo lo digo como un mero discurso panfletario. A veces cuando menos lo esperas, esta solidaridad te estalla en la cara como aire fresco, como lluvia de flores. Con un pequeño gesto que nos recuerda que a pesar de cargar en nuestras espaldas con el estigma de la violencia, del sub-desarrollo, la pobreza y ahora con más fuerza, la crudeza de la militarización, todavía no han logrado ahogar nuestra capacidad de sentir con la otra, de abrazarle, de estar con ella.

Así como estamos con Clara Woods y con las familias de las víctimas de La Mosquitia. Deseamos que nuestra solidaridad les alcance en un abrazo cálido en forma de una caricia, de un vaso de agua, de un recuerdo compartido, de un hombro donde llorar, pero también llegue en forma de justicia para las víctimas, en el cese de los ataques a la población civil, en la retirada de la región del ejército y las bases militares estadounidenses. Porque el dolor de Clara y de las otras madres, también es el nuestro.

Y así también recordamos que nuestro grito indignado, sale a encontrarnos cada día en estas honduras, aunque  a veces parezca perdido, aunque a veces parezca que se cae el mundo por no poder hallarlo. Y eso es, por pequeño que parezca, lo que nos mantiene de pie.

Jessica Isla, hondureña, es periodista, autora y miembro de Feministas en Resistencia. Ella es columnista del Programa de las Américas

 


[1] Comité de Familiares y Desaparecidos de Honduras (COFADEH), Centro de Derechos de Mujeres, entre otros.

[2] Diario La Prensa: DEA tuvo “papel central” en operación antidrogas en Honduras. Martes 14 de agosto de 2012

[3] Proceso Digital: Incidente con la DEA en La Mosquitia tiene que investigarse a fondo, afirma Presidente Lobo. 1 de junio de 2012

[4] Comité de Familiares y Desaparecidos de Honduras.

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