La realización de una Asamblea Constituyente es un evento político extraordinario en la vida de las naciones, a través del cual pueden ocurrir dos grandes sucesos: o se emprende una profunda reforma constitucional conservando, sin embargo, una serie de principios legales generales básicos; o bien se trastocan y modifican los nudos más densos del ordenamiento político de un país, se ponen en cuestionamiento los cimientos mismos del orden estatal que se refunda a sí mismo a través de la Constituyente. Esta disyuntiva ha resquebrajado el ambiente político boliviano durante cinco años y se encuentra, hoy, abierta en Bolivia

A comienzos del año 2001 en Bolivia se difundió un cartel en el cual, sobre una imagen difuminada de los "guerreros del agua" que sostienen una manta donde se lee "Asamblea Constituyente con todos los sectores sociales", se asienta el siguiente texto: "sin intermediación partidaria para que el pueblo decida el país donde queremos vivir".

El próximo 2 de julio se elegirán en ese país andino los 255 diputados a la Asamblea Constituyente que debe iniciar su trabajo el 6 de agosto. Esa Asamblea Constituyente, sin embargo, continúa "intermediada" por los partidos políticos y las agrupaciones ciudadanas formales y, junto al tema de "las autonomías", se ha convertido en el nuevo eje de la confrontación política en la Bolivia del gobierno de Evo Morales. En las siguientes páginas revisaremos panorámicamente el especial momento que se abre en la sociedad boliviana a partir del 2 de julio, comenzando por sus antecedentes.

De dónde sale la exigencia de Asamblea Constituyente

Existen cuando menos dos antecedentes importantes a la exigencia popular de Asamblea Constituyente. Por un lado, desde la década de los 90 algunas organizaciones sociales de los pueblos originarios de Tierras Bajas comenzaron a hablar de la necesidad de una reforma estatal a realizarse a través de una Asamblea Constituyente. Esto sucedía en medio de la ola de reformas constitucionales, auspiciadas en varios países de América Latina por organismos financieros internacionales, que introdujeron al andamiaje legal básico el reconocimiento del "carácter multiétnico y pluricultural" de sus respectivas naciones. Reconocimiento constitucional y jurídico que, por otro lado, no tuvo mayores efectos1.

El segundo y más potente empuje a la exigencia de Asamblea Constituyente ocurre tras la Guerra del Agua. Entre 2000 y 2001 en Cochabamba se vivió un interesante experimento de "control social" de la empresa de agua potable, SEMAPA, "recuperada" por la población movilizada a la trasnacional Bechtel. Durante casi un año se produjo en esa ciudad un gran esfuerzo de deliberación y organización colectivo para subordinar la dirección de SEMAPA a la decisión, intereses y necesidades de miles de ciudadanos agrupados en múltiples comités de agua potable, juntas vecinales y otros organismos territoriales y gremiales de base. En aquel entonces, una y otra vez las decisiones de las asambleas de vecinos sobre la mejor y más factible manera de solucionar el problema del abastecimiento de agua en las zonas marginales de la ciudad, chocaron contra la estructura normativa municipal y contra el andamiaje institucional del Estado en medio del cual se desarrollaban las actividades de la empresa. Comenzó entonces a cundir un sencillo razonamiento que se volvió poco a poco sentido común: "si las leyes y las instituciones obstruyen y dificultan el cumplimiento de lo que es la decisión democrática de la población sobre un problema tan importante como el agua… ¡hay que cambiar las leyes y las instituciones!". En infinidad de reuniones y asambleas de barrio, se llegaba después de tal constatación a la pregunta: ¿Cómo se cambian las leyes y las instituciones? Y la respuesta que floreció fue: "a través de una Asamblea Constituyente2".

Así, es desde 2001 cuando la idea de la necesidad de realizar una Asamblea Constituyente comienza a abrirse paso en el movimiento social boliviano. Dos rasgos de ese evento se fueron deliberando y aclarando en el tiempo, en medio de las grandes confrontaciones sociales que desgarraron al país: la asamblea constituyente debía, en primera, ser "fundacional y soberana". En segunda, debía rebasar la camisa de fuerza de la estructura partidaria de la representación política abriendo paso a la participación y a la palabra de los múltiples y distintos sectores sociales organizados en una compleja constelación de instancias, juntas, comunidades, ayllus, asociaciones, sindicatos y federaciones sociales.

Durante los siguientes años, la exigencia de Asamblea Constituyente se fue generalizando a todo el país; tanto así que a partir de octubre de 2003, durante la "Guerra del Gas" cuando cae el entonces presidente Sánchez de Lozada, las dos demandas principales del movimiento social boliviano quedaron sintetizadas en "reapropiación social de los hidrocarburos" y "Asamblea Constituyente".

Es en este marco que durante la gestión del presidente Carlos Meza (octubre 2003-junio 2005), se abre la discusión sobre la convocatoria a una Asamblea Constituyente. En 2004 se inaugura una oficina estatal para organizar la Constituyente y la discusión pública auspiciada desde ahí se centra en el carácter fundacional o no de dicho evento, opacándose el debate acerca de las formas de representación política legítimas en una sociedad como la boliviana, donde más del 60% de la población se auto-adscribe como indígena y, sobre todo, donde más del 80% de los habitantes están organizados en distintas asociaciones, comunidades, sindicatos, gremios, juntas vecinales, etc. que intervienen directamente en la solución de sus problemas colectivos y sus asuntos públicos.

Tras la asunción de Evo Morales al gobierno en enero de 2006, la primera medida política de gran impacto es la promulgación de la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente (LCAC), ocurrida el 6 de marzo pasado. Asociada a dicha ley se presenta asimismo la cuestión de las "autonomías departamentales" cuya génesis reseñamos brevemente para completar este bosquejo de los antecedentes del escenario político actual.

Bolivia es un estado central y unitario, conformado por 9 departamentos cuya máxima autoridad política es un Prefecto que, hasta las elecciones de 2005, era designado directamente por el presidente del país. Bajo esta forma organizativa se agigantan los problemas, malestares y cuestionamientos que acarrea la "centralización" de las decisiones políticas principales, aún en estados federales. En el caso boliviano, la centralización ha sido denunciada como un mal estructural de la institucionalidad estatal, sobre todo por las élites terratenientes y agroindustriales de los departamentos del oriente y el norte del país: Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando.

A comienzos del año 2005 hubo en Santa Cruz una gran movilización auspiciada por el empresariado que, aprovechando como pretexto el alza en los precios internos del diesel que se utiliza para la agroindustria, denunciaba el "centralismo secante" y exigía "autonomía departamental". Esto ocurría en medio de la gran división que por aquel entonces desgarraba al país entre quienes exigían la nacionalización de los hidrocarburos entregados a las transnacionales y quienes, más bien, defendían el status quo en virtud de sus importantes negocios de provisión de servicios a tales corporaciones extranjeras: una fracción del empresariado cruceño y tarijeño. En enero de 2005 la oligarquía del oriente del país organizó pues, su propia movilización financiando un "paro departamental" en el que obligó a sus empleados a acudir a un Cabildo. Fue entonces cuando se estableció la "autonomía departamental" como bandera política de las regiones del oriente. Tal demanda de autonomía, funciona a dos niveles. Por un lado, sirve de coartada para las élites que se dotan de un "enemigo" a combatir y a partir del cual movilizar el apoyo popular: el centralismo. Por otro, tal dispositivo discursivo efectivamente recoge cierta sensación de malestar, muy extendida en las tierras bajas bolivianas, sobre el carácter conflictivo de los habitantes andinos y permite que fluyan y se exacerben las discrepancias que atraviesan a los sectores populares de estas dos regiones, en tanto los "cambas" suelen quejarse de la ambición hegemónica y el desprecio de "los andinos".

La Ley de Convocatoria, el referéndum y un poco de aritmética

La Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente promulgada el 6 de marzo pasado, estableció a los partidos políticos, a las agrupaciones ciudadanas y a los pueblos indígenas como las únicas instancias capaces de proponer diputados constituyentes (Art.7). En tanto no existe una definición legal de lo que es un "pueblo indígena", esto significó un dique a la aspiración de participación y representación política autónoma de una extensa parte de la sociedad boliviana. Además, en una ley conexa a la Convocatoria a Asamblea Constituyente, se estableció la "convocatoria a referéndum nacional vinculante a la Asamblea Constituyente para las Autonomías Departamentales". La pregunta que será sometida a referéndum el próximo 2 de julio, al mismo tiempo que se elijan los diputados constituyentes es la siguiente:

Art.4. Ley 3365: ¿Está usted de acuerdo en el marco de la unidad nacional, en dar a la Asamblea Constituyente el mandato vinculante, para establecer un régimen de autonomía departamental, aplicable inmediatamente después de la promulgación de la nueva Constitución Política del Estado en los departamentos donde este Referéndum tenga mayoría, de manera que sus autoridades sean elegidas directamente por los ciudadanos y reciban del Estado Nacional competencias ejecutivas, atribuciones normativas administrativas y los recursos económico-financieros que les asigne la nueva Constitución Política del Estado y las leyes3?

Más allá de la confusa redacción de la pregunta, es claro que de ganar el "sí" en algunos departamentos sobre todo en el Oriente del país, los cambios institucionales derivables de tal decisión serían más parecidos a una descentralización político-administrativa acotada y caótica, que al establecimiento de regímenes autonómicos regionales o de una estructura federal en el marco de un Estado nacional diseñado de otra manera.

La intención de las oligarquías orientales organizadas en los distintos organismos y comités "cívicos" que pretenden asumir la representación política regional ha sido clara desde un inicio: quieren tener prerrogativas de decisión sobre los recursos naturales que se encuentran en sus regiones. Y esa disputa no queda zanjada a través del referéndum. La continuidad de los negocios extractivos de las transnacionales asociados de manera limitada y en clara relación de subordinación, a las empresas constructoras y proveedoras de servicios de Santa Cruz y Tarija es lo que está en juego. Ese es el contenido que otorgan a la "demanda autonómica" que, con justa razón ha sido una y otra vez denunciada como "afán secesionista" tanto por el joven movimiento social regional como por los pueblos originarios de Tierras Bajas4.

El gobierno del MAS, al admitir la pregunta sobre la autonomías departamental redactada de esta manera, en vez de asumir el problema real de la estructura central y unitaria del Estado boliviano y presentar alternativas políticas para ello, lo que ha hecho es quedar atrapado en los afanes separatistas del "discurso autonomista" cruceño. De ahí la confusa postura que el propio presidente Morales ha tenido en relación al tema: primero convocó a votar por el SI en el referéndum y ahora llama a la población a manifestarse por el NO. Aunque manifestarse por el NO, e incluso si el NO ganara en los departamentos de las tierras bajas, no resuelve el problema de una configuración estatal vertical y centralista, muy poco adecuada para la regulación de la vida social en regiones tan heterogéneas y diversas como existen en Bolivia.

Ahora bien, mencionamos arriba que en la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente solamente se admitió la representación política a través de partidos y organizaciones formales . Unas cuantas consideraciones en torno a esto.

En las elecciones del 18 de diciembre pasado dos fueron los principales actores políticos: el MAS de Evo Morales que obtuvo el 54% de la preferencia electoral y la organización ciudadana de derecha PODEMOS (Poder Democrático Social) que bordeó el 30% de los votos. En PODEMOS             convergieron dirigentes y funcionarios de varios partidos tradicionales responsables de 20 años de neoliberalismo en Bolivia, en momentos en los que las estructuras partidarias más antiguas (MNR, MIR, ADN, MBL, UCS, UN) en tanto instancias de mediación habían colapsado en sus esfuerzos de rearticulación política desde junio de 20055.

Curiosamente ahora, a través de la Ley de Convocatoria a Asamblea Constituyente, son justamente esos partidos tradicionales los que reaparecen como titulares válidos de la representación política -en tanto conservaron su registro, aun si no obtuvieron prácticamente ningún parlamentario en las elecciones últimas. Por su parte, los voceros y figuras visibles de los múltiples movimientos sociales o bien no están presentes -como es el caso, por ejemplo, de Oscar Olivera, vocero de la Coordinadora del Agua-, o bien para lograr convertirse en candidatos a constituyentes tienen que llegar a algún acuerdo con el MAS , con lo cual se desnaturaliza, o al menos se complica, su carácter de representantes autónomos de un determinado segmento social organizado y con capacidad de movilización.

Las únicas "agrupaciones ciudadanas" que en estos comicios tendrán representación nacional son dos: Concertación Nacional (CN) que agrupa los intereses de las iglesias evangélicas y TRADEPA donde se aglutinan jubilados de las fuerzas armadas. El esfuerzo que en marzo pasado hicieron diversos sectores y movimientos sociales por postular candidatos a diputados constituyentes a nivel nacional a través de la agrupación ciudadana MUSPA (Movimiento Social Patriótico) resultó inútil, pues dicha organización quedó excluida de la contienda mediante un argumento administrativo de corte burocrático. En el MUSPA, agrupación nacional con registro formal, se habían aglutinado a nivel de varios departamentos, diversos representantes, voceros y militantes de múltiples movimientos sociales a fin de participar en la Constituyente. En abril pasado y después de haber sido inicialmente admitidos por la Corte Nacional Electoral, fueron descartados más de 150 candidatos provenientes de los movimientos sociales más representativos, mediante el argumento que el MUSPA no presentó ante la Contraloría la "garantía" exigida en caso de no obtener la votación suficiente6. De esta manera se descartó al bloque de representación política de la "izquierda autónoma" para la Constituyente. Esto es, se canceló cualquier representación popular por fuera del MAS. La única posibilidad de participación que les quedó a tales candidatos fue la aceptación de la mediación del partido gobernante. La mayoría prefirió quedarse afuera.

Además de las agrupaciones ciudadanas nacionales, existen diversas entidades de este mismo tipo a nivel departamental sobre todo en las zonas del Oriente y de Oruro en el altiplano occidental. Entre ellas podemos mencionar en Santa Cruz, Autonomía Social Integradora (ASI), Autonomía Para Bolivia (APB) , Movimiento de Acción Ciudadana (Maca); en Oruro, Movimiento San Felipe de Austria (MSFA), Movimiento Autónomo Regional (MAR), Alianza de Bases (Alba), Movimiento de Integración Boliviana (MIBOL). Todas estas agrupaciones además de ser prácticamente desconocidas, se aglutinan en torno a propuestas que al ser locales no inciden en el ámbito de las decisiones políticas de fondo.

Finalmente, aún a nivel departamental los candidatos a diputados constituyentes que no provienen de la estructura formal de los partidos, han enfrentado enormes dificultades que en más ocasiones de las deseables han terminado inhibiendo la participación. Por ejemplo, en el nor-oriente del país, sobre todo en la región amazónica, hubo interesantes esfuerzos organizativos que no tuvieron éxito. Rosario Aquim, frustrada candidata a diputada constituyente por el departamento del Beni, dominado por empresarios madereros y propietarios de fincas, expresa así lo que sucedió:

"depuraron a la mala las listas de las agrupaciones ciudadanas más representativas de los intereses de los indigenas y campesinos del Beni, que son Cambio-Beni de Carlos Navia y Poder Amazonico Social (PASO) de Palmiro Soria. Dicen que porque la Corte Departamental en Trinidad está en manos de la ADN… Teníamos que aliarnos con algún partido tradicional pero yo no quise 7".

Es relevante mencionar para concluir esta parte que ninguna organización indígena se ha presentado como tal. Esto ocurre, en primer lugar, porque la supuesta representación de los "pueblos indígenas" no quedó regulada de ninguna manera. Y en segundo, porque los "pueblos indígenas" realmente existentes, participan en política a través de sus organizaciones naturales -los ayllus en el occidente, asambleas de pueblos en oriente, etc.- o de sus representaciones sociales y sindicales -sindicatos, federaciones, asociaciones, etc.-. De esta forma, toda la representación política indígena que pueda haber en la Asamblea Constituyente, dada la forma de la elección será posible solamente por la vía del MAS.

Habiendo revisado los mecanismos formales de representación política, vale la pena analizar brevemente el diseño electoral de la Constituyente. La Ley de Convocatoria establece que serán 255 los diputados constituyentes, divididos en 210 diputados uninominales y 45 diputados plurinominales. Para la selección de diputados uninominales, los ciudadanos votarán por tres diputados en cada una de las 70 circunscripciones electorales que existen en Bolivia. Por su parte, se escogerán 5 diputados plurinominales por cada uno de los 9 departamentos.

Esta forma de representación sin duda constituye un avance democrático pues la mayoría de los constituyentes, al ser uninominales, deben responder a sus electores de manera más directa. Sobre todo en el campo, la representación uninominal ha sido la vía para que ingresen diputados indígenas al parlamento desde 1997. Sin embargo, esta virtud se enfrenta con dos obstáculos: por un lado, como señaló Rosario Aquim para la región amazónica, las organizaciones locales con mayor presencia indígena son boicoteadas por las instituciones electorales tradicionales. Al no tener casi ninguna experiencia en política formal son fácilmente descartadas. Por otro, al difuminarse la representación política de manera local y sobre todo en ausencia de las voces más claras de los movimientos sociales más influyentes, el contenido de las propuestas locales se diluye en un sinfín de necesidades de alcance limitado y los temas generales de transformación estatal tienden a evaporarse.

Este diseño electoral tiende claramente a favorecer al MAS pues no sólo éste ha sido el partido que más diputados uninominales ha conseguido en las dos últimas elecciones, sino que además sus diputados son claramente los "más legítimos" de todos, si consideramos el número local de votos por un candidato, como un índice de su legitimidad. De alguna forma, existe la intuición en la sociedad boliviana que en el "acuerdo político" -lease arreglo o pacto entre dirigentes partidarios del MAS y de PODEMOS- que permitió la aprobación en marzo de la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, se intercambió la aceptación por la derecha de esta forma de elección por la inclusión del referéndum sobre autonomías en la misma elección.

Finalmente, cabe mencionar que la posibilidad de impulsar grandes transformaciones tanto del andamiaje institucional del Estado como del cuerpo legal básico de la nación por la vía de la Asamblea Constituyente también está limitado por su artículo 25 que se establece que la aprobación de los nuevos artículos de la Constitución deberá contar con dos tercios de votos. Leyéndolo a la inversa, esto significa que cualquier coalición de 1/3 de los constituyentes tiene capacidad de veto sobre las intenciones transformadoras de cualquier otro bloque. ¿Será que el MAS logra obtener más de 185 diputados constituyentes para rebasar los dos tercios necesarios para la aprobación de cuestiones de fondo? Esto hubiera sido claramente posible si no se hubiera excluido desde el Estado la representación política autónoma de la diversidad social indígena y popular boliviana. Bajo las actuales reglas de elección habrá que esperar después del 2 de julio para realizar cualquier prospectiva pues es imposible saber qué ocurrirá en los distintos ámbitos locales.

Como conclusión de este acápite insistimos en que la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente ha reducido el espacio político abierto por los movimientos sociales en los años de lucha anteriores, tanto por los actores que incluye como por las formas de hacer política que deja fuera. Los movimientos sociales bolivianos entre el 2000 y el 2005 produjeron por sí mismos la apertura del horizonte político y, por ende, la posibilidad de redefinir la política, cuestionando no sólo las formas de representación monopolizadas por partidos políticos tradicionales sino la propia trama de poder inventada por estos. En las vísperas de la elección de los diputados constituyentes más bien se vive la reconstitución del viejo ámbito de lo político como espacio de monopolio cerrado de la decisión pública. Así, el escenario actual ha dejado de ser un espacio amplio de deliberación política e intervención directa sobre el asunto público, para convertirse en un conocido teatro electoral.

Los contenidos de la Constituyente

Dada la captura de la "política constituyente de la multitud 8" desplegada en años previos, por el orden legal instituido que tiñe la Ley de Convocatoria a Asamblea Constituyente redactada por el vicepresidente García Linera, los contenidos políticos de fondo parecen estar hoy, curiosamente ausentes del debate. En Bolivia actualmente, si bien todos hablan de la Asamblea Constituyente, en relación a los contenidos se discuten o bien ideas sumamente generales, o bien cuestiones estrictamente particulares. Proliferan en las distintas ciudades los foros sobre tal o cual aspecto político o derecho específico; y ahí los candidatos responden según el universo discursivo de sus intereses coyunturales. Veamos por ejemplo, el caso de la discusión

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