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En una plaza ensombrecida, a los pies del Monumento a Juárez, Javier Sicilia, líderes civiles y grupos de victimas firmaron el Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad.

Cientos de participantes de la caravana y ciudadanos de Ciudad Juárez reunidos para el evento vitorearon cuando finalmente la pluma se posó en el papel.

La firma del Pacto culminó después de difíciles debates, de largas horas en el camino, y de un proceso que incluyó tanto la  formación de relaciones empáticas como de controversias internas.

El compromiso de mantener la unidad entre las organizaciones prevaleció gracias a un arduo trabajo y a mucha paciencia. Este pacto refleja los acuerdos básicos que se desprendieron de los nueve grupos de trabajo el sábado (los seis puntos anunciados el día 8 de mayo, y tres tópicos adicionales). Ante los presentes en la Plaza se leyó una versión resumida –en función de la compleja extensión del documento final, nos explicó uno de los miembros del comité de redacción-; el documento final estará disponible próximamente en su página Web (en cuanto esté disponible proporcionaremos el enlace).

No fue fácil escuchar historia tras historia de muertes violentas, sufrimiento de las familias y de la insensibilidad o complicidad del gobierno durante la ruta de los más de tres mil kilómetros de la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad. Pero en cierto sentido fue aun más difícil la segunda fase.

Durante la ruta, diferentes tópicos emergieron como asuntos de controversia.  Los principales puntos de desacuerdo giraron alrededor de si el movimiento debía involucrarse o nó en establecer el diálogo con el gobierno, particularmente con el Presidente Felipe Calderón, y el tema de la desmilitarización.

El Pacto establece la desmilitarización del país como una parte necesaria e integral de un cambio de estrategia. No establece el diálogo como una decisión de consenso. Sin embargo este ha sido un asunto en el cual el poeta Javier Sicilia insistió poco antes y cuando recibió de la comisión de redacción el texto final del documento en la plaza, Sicilia anunció que habría diálogo “a pesar que no les guste a algunos”

Les presento un panorama breve de las discusiones en este punto, dado que las versiones reportadas por los medios  parecen incompletas o distorsionadas.

Un grupo cercano  Sicilia argumenta que el diálogo con el presidente es necesario porque 1) algunas víctimas lo han establecido como prioritario, 2) porque la filosofía Ghandhiana incluye el acercamiento a los enemigos para apelar a su humanidad, y 3) porque es necesario explorar estos canales antes de rechazarlos.

Mientras que las organizaciones de Ciudad Juárez argumentan que 1) “la sangre no es negociable” –es decir, que el gobierno es responsable por el reguero de sangre y no puede ser considerado como un actor legitimo mientras que el violento modelo actual persista, 2) derivado de lo anterior, la desmilitarización es precondición para un diálogo, 3) que mientras que algunas víctimas pudieran solicitar el diálogo, otras –especialmente en la zona extrema de Ciudad Juárez-, han pasado muchas y frustrantes horas con las autoridades y ya no tienen confianza en su habilidad o en su deseo de ejercer justicia para las familias, y 4) que el movimiento debe concentrar sus esfuerzos en construir de abajo hacia arriba y en consolidar la fuerza cívico-social.

Los reportes de la prensa nacional dan cuenta que la Secretaría de Gobernación inmediatamente dio a conocer su interés de recibir a los miembros del movimiento de paz para establecer los términos de diálogo.

El otro asunto de controversia fue el de la desmilitarización del país. Sin embargo cuando el segundo grupo de trabajo sesionó, un claro consenso emergió de inmediato. La discusión se centro en los tiempos del desalojo del ejército de las calles.  Dentro del movimiento aun existen diferencias de opinión en este punto que oscilan entre un desalojo inmediato y diferentes proyectos de retiro regional o por etapas. El pacto no lo especifica.

La eliminación del fuero militar fue incluida unánimemente en el texto del pacto, igual que la desmilitarización de las fuerzas policiacas –una práctica común en muchas partes del país, es nombrar a comandantes militares como fejes de policía y transferir soldados a los cuerpos policiacos.

El pacto también estableció la necesidad de una nueva política referente al tema de las drogas y llama a eliminar Iniciativa Mérida. Este asunto es, por supuesto, crítico para las organizaciones de los Estados Unidos que desean apoyar el movimiento por la paz de México y será discutido a profundidad en un evento binacional que se realizará hoy por la mañana y que reportaremos posteriormente.

Laura Carlsen es Directora del Programa de las Américas del Center for International Policy en la Ciudad de México, www.cipamericas.org.

Traducido por Marta Sánchez Soler

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