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Allen and Company's 31st Annual Media and Technology ConferenceEl último análisis de los documentos oficiales filtrados por el ex-contratista Edward Snowden de la  revista alemana Der Spiegel es una bomba para México.

“La NSA ha estado escuchando sistemáticamente al gobierno mexicano durante años”, dice la primera línea en la edición del 20 de octubre.

Enseguida el artículo aborda con detalle tres programas principales que en conjunto constituyen una operación de espionaje masivo contra México. Nadie parece haber sido inmune a sus intromisiones, incluso dos presidentes.

La red informática presidencial fue infiltrada desde 2010, cuando Felipe Calderón era todavía presidente. La hiper-activa Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) fue aparentemente muy orgullosa de haber logrado hackear las comunicaciones privadas del jefe del poder ejecutivo y los miembros del gabinete de una nación aliada.

En un informe “ultra secreto”, la división “Operaciones de Acceso a la Medida (TAO)” gorjeó:

“TAO aprovechó exitosamente un servidor de correo clave en el dominio Presidencia Mexicana, dentro de la red presidencial, para acceder por primera vez a la cuenta pública de correo electrónico del presidente Felipe Calderón, calificada como ‘una fuente rentable’ para medir ‘el sistema político y la estabilidad interna’ mexicana. La operación fue cifrada con el nombre “Flat Liquid”.

Los mexicanos se dieron cuenta que su país, junto con Brasil y otras naciones de América Latina, era objetivo importante de las agencias de espionaje, cuando en septiembre el diario brasileiro O Globo publicó un artículo de Glenn Greenwald, Robrto Kas y José Casado enfocado en la intervención al  teléfono de la presidente brasileña Dilma Rousseff. La nota reveló que México también fue blanco de la operaciones cubiertas del gobierno estadounidense.

Quedó claro que la NSA espió al entonces candidato presidencial Enrique Peña Nieto para saber a quiénes tenía la intención de incluir en su gabinete y la forma en que se haría cargo de la volátil guerra de la droga —la piedra angular de la política de EE.UU. en México.

Eso causó un gran revuelo y el gobierno de Peña envió una nota diplomática y exigió una investigación de EE.UU.

Las revelaciones del domingo 20 d octubre añadieron detalles a la información previa y mostraron una operación insidiosa mucho más vasta de lo imaginado al principio. Los mensajes de texto del teléfono celular de Peña Nieto —85,489 para ser exactos, según el informe Der Spiegel-Snowden— recogidos y organizados en bases de datos, sirvieron para identificar a nueve de sus colaboradores cercanos en tareas de vigilancia y análisis.

El tercer programa, llamado “Tamale White”, se remonta a 2009, cuando la NSA logró hackear los correos electrónicos de funcionarios de alto nivel en la Secretaría de Seguridad Pública ya desaparecida. Dice Der Spiegel,

“En el transcurso de un solo año, de acuerdo a los documentos internos, esta operación produjo 260 informes secretos que permitieron a los funcionarios estadunidenses llevar a cabo negociaciones exitosas sobre cuestiones políticas y planificar inversiones internacionales”.

Los documentos señalan que la operación de espionaje de la NSA permitió desarrolla “puntos para las negociaciones diplomáticas”.

¿Qué significa esto? ¿Acaso en las negociaciones el uso de información obtenida de comunicaciones privadas mal habidas no es algo similar al chantaje?

De cualquier modo, parece que cumplió su propósito, porque durante el período subsiguiente a este episodio de espionaje, los militares, la policía y las fuerzas anti drogas de EE.UU. lograron una libertad sin precedente para operar en suelo mexicano, rompiendo efectivamente cualquier resistencia residual del gobierno mexicano.

El artículo de Der Spiegel establece que en las operaciones de espionaje en México, “el tráfico de drogas” tuvo el nivel de prioridad más alto, mientras que la “dirección política” del país, “la estabilidad económica” y “las relaciones internacionales para la inversión” recibieron el número tres de clasificación de prioridades en una escala de cinco.

La última categoría de “inversión” da crédito a los cargos de la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, quien afirma que la NSA utiliza su aparato para llevar a cabo el espionaje industrial y económico, buscando ventajas para las empresas estadounidenses. Sus argumentos están basados en los documentos que demuestran que la petrolera brasileña PETROBRAS fue blanco de espionaje de EE.UU. Las revelaciones sobre México son más generales, pero también indican espionaje económico.

La NSA, tal como se refleja en sus propios documentos, parece no tener ningún sentido de límites al calificar sus intromisiones como “éxitos”. Der Spiegel cita otro documento que advierte:

“El acceso de TAO a varios niveles del gobierno mexicano es sólo el principio, tenemos la intención de ir mucho más lejos contra este importante objetivo.”

Continúa afirmando que las divisiones responsables de esta vigilancia están “preparadas para éxitos futuros.”

Débil respuesta de México

La réplica de la NSA a las interrogantes era previsible: “No vamos a comentar públicamente sobre cualquier presunta actividad de inteligencia específica y, como cuestión de política, hemos dejado claro que los Estados Unidos reúne inteligencia extranjera del tipo de la recopilada por todas las naciones.”

Pero hasta ahora, ningún periodista con iniciativa ha preguntado al gobierno mexicano si tiene en su poder 85 mil mensajes de texto del teléfono del Presidente Obama.

Desde septiembre, el gobierno mexicano supo que fue masivamente espiado por los Estados Unidos. Después de las revelaciones relativas a las comunicaciones de Peña Nieto y los contactos con diplomáticos de Estados Unidos, México dijo que el presidente Obama estuvo de acuerdo en llevar a cabo una investigación.

¿Qué es exactamente lo que el gobierno de México espera de tal investigación? Nadie ha puesto en duda el carácter verídico de los documentos. Todo el mundo sabe que Snowden los tiene, de lo contrario ¿por qué los EE.UU. trata de forzar su extradición y amenaza a los países que le ofrecen asilo?

¿Qué espera lograr Peña Nieto al pedir al Presidente Obama que investigue las actividades de su agencia estelar, la NSA, que según demuestra el artículo de Der Spiegel, tenían autorización presidencial?

Como era de esperar, la respuesta de México fue considerada débil. Hasta el momento, la reacción a esta última ronda de revelaciones no ha mostrado mucha más firmeza. La Secretaría de Relaciones Exteriores llamó a la práctica “inaceptable e ilegítima y contraria a la ley “, y dijo que enviará otra nota diplomática.

“En una relación entre vecinos y socios, no hay espacio para las prácticas que habrían tenido lugar”, dijo la secretaría. No se ha especificado que leyes violaron ni que sanciones tendrán estas acciones contra México.

Cuando Der Spiegel le pidió un comentario de Felipe Calderón, la Universidad de Harvard —al parecer, el portavoz del ex presidente acosado desde que lo arropó como integrante de la Comunidad de Líderes Globales de la Escuela Kennedy—, dijo que le daría el mensaje. Varios dias después Calderón emitío su protesta por el espionage a que fue blanco a pesar de su permisividad con las agencias de seguridad de EEUU.

Un alto funcionario del Departamento de Estado de EE.UU. aseguró a CNN que el gobierno mexicano les había hablado sobre respecto del caso y estaban en vias de discutirlo entre los dos gobiernos a través de los canales diplomáticos.

Peña Nieto está obligado a reaccionar ahora. Brasil está tomando medidas específicas para proteger su privacidad ante la larga oreja de la NSA. Rousseff ha sido muy franca en su indignación, llevándola al ámbito de la Asamblea General de las Naciones Unidas y a la cancelación de una visita de estado a Washington.

La dependencia económica de México con los Estados Unidos bajo el TLCAN pone a la administración Peña en un aprieto más difícil. Las grandes empresas empujarán a Peña a dejar pasar el asunto. Dentro del PRI existe mucha molestía por los hechos, pero también el partido gobernante sabe que buena parte de su base de poder depende de su relación con el gobierno de EE.UU. y su élite económica, casi una tautología, como se muestra de nuevo en el hecho de que el apoyo de los contribuyentes a las actividades de la NSA fue dirigido al espionaje industrial para dar a las empresas estadunidenses una ventaja en la licitación, la inversión y la competencia.

Sea cual sea la respuesta, las revelaciones son un golpe a una relación que está en un momento de transición que no se define. Peña Nieto ha dejado claro que no permitirá la misma manga ancha que las agencias estadunidenses tuvieron durante la presidencia de Calderón, pero al mismo tiempo ha mantenido la integración de la seguridad y la expansión de operaciones del EE.UU., bajo el pretexto de la guerra contra las drogas.

Poner en duda los términos de la cooperación binacional en seguridad no debe verse como algo negativo. Las revelaciones sobre la NSA muestran una doctrina de seguridad global que se ha salido de control, con lo que Greenwald llama “la construcción de un aparato de vigilancia electrónica omnipresente en todo el mundo”. Ni los mexicanos ni el Congreso de EE.UU. tienen un conocimiento suficiente de lo que está pasando para proporcionar una supervisión razonable, y el gobierno de México al parecer, tiene poco conocimiento del ámbito de la sombría actividad de inteligencia estadunidense en su propio país.

Cuando se agrega el factor de los inumerables contratistas de empresas de seguridad privadas operando en México gracias a los dos mil millones de dólares en el marco del paquete de ayuda de la Iniciativa Mérida, se ve que existe un vasto y turbio mundo de operativos que sin duda supera aún el periodo más intenso de la Guerra Fría. Todo a costo de nuestra diplomacia y la frágil democracia del país.

Traducción: Alfredo Acedo

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